Cada año, cuando llega finales de octubre, en Galicia resurge la misma pregunta: ¿Halloween o Samaín? Y casi siempre la respuesta viene acompañada de una afirmación rotunda — "el Samaín es nuestra tradición celta, mucho más antigua que Halloween". Es una frase bonita. El problema es que no es del todo cierta, y merece la pena contar la versión completa.

El Samhain celta original

El Samhain (con h) fue una festividad real, documentada, celebrada hace más de dos mil años por los pueblos celtas de Irlanda, Escocia, Gales y la Isla de Man. Marcaba el fin de la temporada de cosechas y la entrada en el invierno — literalmente, su nombre significa "fin del verano". Era una noche en la que se creía que la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía más delgada: se encendían grandes hogueras, se dejaban ofrendas de comida en las puertas, y los druidas ejercían como guías espirituales de la comunidad.

Hasta aquí, todo coincide con lo que se suele contar en Galicia. El problema empieza cuando se da por hecho que esta misma fiesta se celebró aquí, sin interrupción, durante dos milenios.

¿Existió el Samaín en la Galicia antigua?

La respuesta honesta es: no hay evidencia histórica ni arqueológica que lo confirme. No existen registros de que los pueblos prerromanos de Galicia celebraran una fiesta equivalente al Samhain celta bajo ese nombre ni con ese ritual. Es una distinción incómoda para quien prefiere la versión más romántica, pero es la que sostienen los estudios más rigurosos sobre el tema.

Esto no significa que Galicia no tuviera sus propias tradiciones de finales de otoño ligadas a la muerte, la cosecha y el fuego — las tenía, y muy arraigadas. Significa simplemente que llamarlas "continuidad directa del Samhain celta" es una simplificación que se ha popularizado en los últimos años, más que un hecho documentado desde la Antigüedad.

De dónde viene realmente el nombre "Samaín"

💡 Dato curioso sobre su origen: Aquí está uno de los datos menos conocidos: el término "Samaín", tal y como lo usamos hoy, procede específicamente de la comarca de Cedeira, en A Coruña. Y, según análisis etimológicos, su origen no estaría en el gaélico Samhain, sino en el latín sambucum — que significa "saúco", el arbusto. Es decir: dos palabras que suenan parecido, con historias completamente distintas detrás.

El redescubrimiento moderno de la tradición

La versión del Samaín gallego que hoy se celebra en colegios, ayuntamientos y redes sociales tiene un origen mucho más reciente y concreto de lo que parece: fue recuperada y documentada por Rafael López Loureiro, un maestro de Cedeira, que reunió esta tradición local — que llevaba décadas prácticamente perdida — en su libro "Samaín: a festa das caliveras". Gracias a su trabajo, y al impulso posterior de asociaciones, colegios y ayuntamientos, la fiesta volvió a ganar presencia en Galicia en las últimas décadas.

Esto no la hace menos auténtica. La hace una tradición viva, rescatada y reconstruida con cariño — que es distinto de una tradición ininterrumpida desde el año 0.

Lo que sí es tradición gallega, documentada y propia

Separar el mito de la historia no significa quitarle mérito a lo gallego. Hay elementos de esta época del año en Galicia que son indiscutiblemente propios:

  • Los calacús: calabazas de gran tamaño típicas de las Rías Baixas, vaciadas y talladas con caras, con una vela dentro — el equivalente gallego al jack-o'-lantern, con su propia identidad.
  • El magosto: la celebración de la castaña asada al fuego, en comunidad, que coincide en fechas con el Samaín y que sí tiene un arraigo popular gallego indiscutible.
  • La Santa Compaña: la leyenda de la procesión de difuntos que recorre los caminos en la noche del 31, una de las tradiciones orales más vivas de Galicia, ligada a esta época de "frontera" entre mundos.
  • La cristianización de la fecha: en el año 741, el Papa Gregorio III trasladó la festividad de Todos los Santos al 1 de noviembre, precisamente para facilitar la sustitución de las fiestas paganas preexistentes por una versión cristiana — un patrón que se repite en muchas culturas europeas.

Por qué merece la pena contar esto tal cual es

En Irisana creemos que cuidar lo que contamos importa tanto como cuidar lo que vendemos. Es fácil repetir la versión más bonita de una historia. Es más honesto — y, para nosotras, más interesante — contar la versión real: una Galicia que no necesita inventarse un pasado celta ininterrumpido para tener tradiciones propias, auténticas y dignas de celebrarse. El calacú, el magosto y la Santa Compaña no necesitan ningún préstamo de mitología ajena para ser gallegos de verdad.

Así que la próxima vez que alguien te diga que el Samaín es "el Halloween celta que inventamos nosotros", ya sabes qué responder: la verdad es un poco más compleja, y bastante más bonita.